Preocupante cada vez más, la situación en la que han colocado los organismos de seguridad del estado a los periodistas, suplantándolos para poder llevar a cabo las acciones que no logran cumplir como autoridades, debido quizá, a su incompetencia y falta de desarrolllar resultados contundentes contra la delincuencia.
Para facilitar la contextualización del riesgo en que nos estamos dejando meter los comunicadores, recordemos algunas de las acciones, en las que recientemente, los miembros de los cuerpos de seguridad del estado han vinculado irresponsablemente a la prensa, colocando de antemano en riesgo la vida de quienes hemos ejercido esta profesión de manera ética y libre.
El más sonado de los casos, fue el de la operación Jaque. Literalmente, todo el mundo, puesto que la noticia se presentó a lo largo y ancho del planeta, pudo ver como un grupo de agentes encubiertos, fingieron de periodistas de un canal de televisión, hicieron imágenes de los secuestrados, durante todo el operativo y manifestaban que las directrices del supuesto canal de televisión, no les permitía el realizar entrevistas con los secuestrados, pero finalmente se observaron las declaraciones de algunos de ellos.
Otro caso, fue el registrado en la ciudad de Bogotá, en la sede de una entidad bancaria, en donde un ex militar amenazaba con hacer explotar una granada, si no se atendían una serie de denuncias y exigencias que colaba de manifiesto. En esta oportunidad, reporteros y comunicadores de verdad, estaban haciendo el cubrimiento de la situación, y algunos osados y rayando en la irresponsabilidad, por que hay que decirlo también, decidieron transmitir en directo todas las circunstancias en las que se desarrolló el suceso, simplemente por la presión de sucumbir todo y sin el más mínimo asomo de valoración de la situación que podría desencadenarse, terminaron hincados ante el rating de la sintonía.
En aquella oportunidad, igualmente los miembros de policía y seguridad, determinaron que para poder llegar al sujeto y reducirlo era fingiendo de comunicadores sociales. En efecto, así los hicieron y lograron despojar del artefacto explosivo al ex militar y resolver la situación.
El caso más reciente, del que tenga conocimiento, se registró en la ciudad de Cúcuta, cuando un desadaptado social, decidió asesinar a dos personas, secuestrar a otras y amenazar con volar una vivienda, mediante la explosión de un cilindro de gas propano, con los rehenes dentro.
Las autoridades enteradas de la situación, buscaron los mecanismos para resolverla, y ante la incompetencia de facultades para hacerlo, nuevamente encontraron en la suplantación de la prensa, la herramienta válida. A continuación entrego a los lectores, los apartes publicados en la edición digital del diario La Opinión de Cúcuta, en la cual el periodista narra paso a paso, la forma como la autoridad, en un nuevo caso de violación del los derechos de la prensa, la suplanta para poder cumplir con la obligación constitucional que se les otorgó, de velar por la vida, honra y bienes de los ciudadanos, pero como autoridad y no como periodistas. -Veámos:- Los textos resaltados son míos, con el único fin de contextualizar los hechos.
"Terror e incertidumbre
La Policía recibió la noticia y envió patrullas al sitio para verificar lo sucedido. Los uniformados acordonaron el área y solicitaron apoyo y unidades del Gaula. A las 7:00 de la mañana, el sujeto comenzó a disparar al aire. Advirtió a los agentes que se retiraran porque haría explotar el cilindro de gas. Los agentes, al mando de un oficial, buscaron persuadir a Daniel Santos Ardila para que se entregara y no cometiera ninguna locura. La Policía intentó negociar y llegar a un acuerdo con el sujeto para que se rindiera. Los esfuerzos fueron vanos. Los uniformados recorrieron los entejados de residencias vecinas. El sujeto armado los vio y les disparó. Ante el peligro, decidieron aguantar y preparar un plan para salvarle la vida a Leydi Liliana Buendía y al hijo. Inesperadamente, Santos Ardila accedió a que el niño saliera. Los uniformados buscaron herramientas y tumbaron una parte de la ventana para permitir que el pequeño quedara libre.I
Inició el engaño
A las 9:00 de la mañana, los policías, al ver que no avanzaban en las negociaciones, se disfrazaron como representantes de un medio de comunicación, y con la excusa de conocer las exigencias se acercaron a la puerta de la casa y observaron hacia el interior del inmueble. El hombre pidió que los policías se retiraran de los techos vecinos. Diez minutos después, el oficial llamó al Gaula para que estudiara cómo ingresar a la vivienda. Al analizar que era imposible, volvieron a la trama montada de hacerse pasar como periodistas.
Daniel Santos les pidió a los supuestos comunicadores que llamaran a la esposa, porque quería verla y hablarle. A las 9:25 de la mañana, llegó la mujer. Después de varios minutos iniciaron la conversación. Luego del primer encuentro familiar, el sujeto pidió un equipo de paramédicos y tres ambulancias. Mientras se cumplía la solicitud, los agentes le acercaron a la puerta otras familiares para que ayudaran a pedirle que se entregara. Otra vez los esfuerzos fueron vanos. A las 10:31 de la mañana, el comandante de la Policía en Norte de Santander, coronel Jorge Iván Flórez Cádenas, se acercó a la ventana para negociar. Daniel Santos le disparó. A las 10:40, los presuntos periodistas se acercaron de nuevo a la residencia. El hombre les pidió que llamarán a la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría y la Cruz Roja para que le garanticen los derechos.
Además, pidió agua o gaseosa. A las 11:05, llegaron tres ambulancias con personal paramédico. La Policía aprovechó para llevarle un refresco al que le habían aplicado un calmante. A las 11:25, llegaron los organismos de derechos humanos. Los uniformados reiniciaron la negociación. No lograron llegar a un acuerdo. A las 11:45, Daniel Santos volvió a hablar con los familiares. Solicitó más gaseosa o agua. A las 12:15 de la tarde, llegó la camioneta que había pedido. Los agentes le acercaron el refresco que contenía tranquilizante. A las 12:45, Santos Ardila salió a la ventana. Le preguntó a la esposa cómo estaba y verificó que la camioneta estuviera en la calle. A las 12:53, los supuestos periodistas volvieron a la ventana. Junto con algunos familiares le piden que saliera, que le garantizaban que no pasaría. El hombre se acercó para escucharlos. A las 12:58, uno de los policías disfrazado de periodista lo desarmó. Leydi Buendía abrió la puerta. La Policía aprovechó el momento y capturó a Santos. No hubo heridos.El coronel Flórez Cárdenas ingresó a la vivienda, esposó al hombre, lo sacó y lo llevó a una patrulla.
Siempre tuvimos la situación controlada
El coronel Jorge Iván Flórez Cárdenas, comandante de la Policía en Norte de Santander, coordinó la operación de rescate. Aseguró que nunca pusieron en riesgo la vida de la Leydi Buendía y que para eso ingeniaron cómo engañar a Daniel Santos Ardila".
Un nuevo episodio en donde no solamente se suplanta la actividad de la Prensa, hay que ver con atención las dimensiones en las cuales se ha colocado a los representantes de los medios de comunicación por esta práctica ilegal, abusiva, atentatoria y lesiva para el ejercicio del periodismo en Colombia.
Si fuese lo contrario, que un periodista, o periodistas que, para cubrir un suceso se hicieran pasar como miembros de la fuerza pública y utilizaran además sus emblemas e indumentaria, ya estarían judicializados por suplantación de la autoridad y el uso indebido de prendas privativas, pero como fueron ellos, los representantes de los organismos de seguridad del estado, entonces no pasa nada.
No es difícil pensar, que como consecuencia de esta práctica, el día de mañana cuando se repita un hecho de violencia en el país, que no es necesario esperar que pase mucho tiempo, y cuando los reporteros y periodistas pretendan cumplir con su misión, con la responsabilidad social que les atañe, sean blanco de las balas de quienes como delincuentes, se hallen prevenidos ante la figura de "un periodista" que puede ser un miembro de la policía encubierto, y que lo que pretende es neutralizarlo. No se necesita ser un intelectual, para discernir que un bandido actúe de manera inmediata, disparando frente a la prensa, porque posiblemente se trate de agentes encubiertos, nuevamente.
Pero lo preocupante de esto, es que hasta la fecha ningún organismo de control del estado, llámese procuraduría, defensoría o cualquier otro, se ha pronunciado frente a esta situación. O lo que es peor, NINGUNA organización que aglutine a los comunicadores en este país, tampoco haya manifestado su posición al respecto. Hay un silencio cómplice. Ojalá no se escuchen voces tan solo en el momento en que un comunicador caiga abatido en el ejercicio de su profesión,por las balas asesinas de los delincuentes, que lo confundieron con un miembro de las fuerzas del estado , disfrazado de periodista. No esperemos llegar allí. El llamado es a las organizaciones de prensa, nacional e internacional, a los representantes del Ministerio Público, para que se pronuncien entorno a qué tan válida es esta práctica, hasta dónde estamos dejando que la vida de los comunicadores y la integridad de la prensa de un país, sea colocada en la mira asesina de los delincuentes y hasta dónde se puede permitir que se involucre en un conflicto, a un sector independiente, neutral y libre.... como lo debe ser la prensa en Colombia.