Después de los anuncios hechos, de manera macabra, por el presidente que tienen los Venezolanos, de solicitar se elimine la calificación de terroristas a las FARC y E.L.N. y de las mentiras proferidas por el primero de los citados, con relación a la entrega del pequeño Emmanuel, y de conocerse el show publicitario de los medios de comunicación de Venezuela, con relación a la forma como se despide de los subversivos el ministro del interior y el show que protagonizaron los medios colombianos con relación a los movimientos de Clara y familia, luego de la liberación de ésta, es necesario reflexionar un poco con relación a esta realidad.
No tiene presentación ninguna, que un mandatario se entrometa en los asuntos de otro país, a no ser por un interés particular, y ese de sobra se le nota al golpista venezolano.
¿Qué confianza se puede tener en un proceso, con un grupo al margen de la ley que pretende realizar un acercamiento con el gobierno, si constantemente miente? ¿Cómo creer en un intercambio humanitario, cuando se establecen escudos humanos, como lo pretendieron hacer con Emmanuel?
¿Cómo no caer en el show de los medios de comunicación, tanto de aquí y allá, de presentar a unas secuestradas, con look de vacacionistas? Acaso no son bastante contrastantes con las imágenes del intendente Pinchao, o del ministro Araújo, al momento de su rescate, con las de las dos liberadas al paracaidista y teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías?
No podemos entonces, seguir este macabro juego, no importa que sea sin darnos cuenta, como lo hace la señora Yolanda Pulecio, de pretender que se imponga el reino de unos subversivos, comunistas anacrónicos en desuso, la mayoría de sus cabecillas prostáticos y con el sol a la espalda.
Son las imágenes que están en el colectivo colombiano, de unos militares encadenados al cuello, enjaulados con alambres de púa, de unos colombianos que desde el anonimato, siguen privados de la libertad y que necesitan actuemos por ellos.
Ahora, el actuar es de quienes estamos en otro patio, porque en el país, es muy relativo hablar de libertad. Nosotros en este patio, podemos en contadas oportunidades, definir que vamos a hacer. Ellos en donde se encuentran, no deciden nada, todo está en manos de quienes les imponen hasta en que pensar.
Se necesita un movimiento, no solo como el profe Moncayo, es de todos los que amamos este país, de manifestar nuestro inconformismo con el secuestro o cualquier otro tipo de violencia. Una movilización masiva, que se desplace a lo largo del territorio patrio, como lo hace Moncayo, hasta llegar a donde se encuentran esos pocos que siembran la barbarie. ¡Somos más los Colombianos de bien! y seguro estoy que les anularemos la capacidad de respuesta y reacción, y desde allí mismo liberar a los secuestrados, sean o no familiares nuestros. El hecho de ser seres humanos, nos obliga a hacerlo como gesto de equidad con la especie.
¿Qué estamos esperando entonces?, que continúe el enfrentamiento entre dos gobiernos?, que se sigan desvaneciendo día a día estos colombianos, en el recuerdo de una sociedad sedentaria ante la infamia del secuestro?
La movilización es ya, sumándonos a quienes desde diferentes escenarios ya han iniciado un proceso de rechazo ante tanta violencia.
No debemos tener miedo del terror de los malos, debemos temer la insensibilidad de los buenos, el momento ha llegado... ¿Qué estamos esperando?
No tiene presentación ninguna, que un mandatario se entrometa en los asuntos de otro país, a no ser por un interés particular, y ese de sobra se le nota al golpista venezolano.
¿Qué confianza se puede tener en un proceso, con un grupo al margen de la ley que pretende realizar un acercamiento con el gobierno, si constantemente miente? ¿Cómo creer en un intercambio humanitario, cuando se establecen escudos humanos, como lo pretendieron hacer con Emmanuel?
¿Cómo no caer en el show de los medios de comunicación, tanto de aquí y allá, de presentar a unas secuestradas, con look de vacacionistas? Acaso no son bastante contrastantes con las imágenes del intendente Pinchao, o del ministro Araújo, al momento de su rescate, con las de las dos liberadas al paracaidista y teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías?
No podemos entonces, seguir este macabro juego, no importa que sea sin darnos cuenta, como lo hace la señora Yolanda Pulecio, de pretender que se imponga el reino de unos subversivos, comunistas anacrónicos en desuso, la mayoría de sus cabecillas prostáticos y con el sol a la espalda.
Son las imágenes que están en el colectivo colombiano, de unos militares encadenados al cuello, enjaulados con alambres de púa, de unos colombianos que desde el anonimato, siguen privados de la libertad y que necesitan actuemos por ellos.
Ahora, el actuar es de quienes estamos en otro patio, porque en el país, es muy relativo hablar de libertad. Nosotros en este patio, podemos en contadas oportunidades, definir que vamos a hacer. Ellos en donde se encuentran, no deciden nada, todo está en manos de quienes les imponen hasta en que pensar.
Se necesita un movimiento, no solo como el profe Moncayo, es de todos los que amamos este país, de manifestar nuestro inconformismo con el secuestro o cualquier otro tipo de violencia. Una movilización masiva, que se desplace a lo largo del territorio patrio, como lo hace Moncayo, hasta llegar a donde se encuentran esos pocos que siembran la barbarie. ¡Somos más los Colombianos de bien! y seguro estoy que les anularemos la capacidad de respuesta y reacción, y desde allí mismo liberar a los secuestrados, sean o no familiares nuestros. El hecho de ser seres humanos, nos obliga a hacerlo como gesto de equidad con la especie.
¿Qué estamos esperando entonces?, que continúe el enfrentamiento entre dos gobiernos?, que se sigan desvaneciendo día a día estos colombianos, en el recuerdo de una sociedad sedentaria ante la infamia del secuestro?
La movilización es ya, sumándonos a quienes desde diferentes escenarios ya han iniciado un proceso de rechazo ante tanta violencia.
No debemos tener miedo del terror de los malos, debemos temer la insensibilidad de los buenos, el momento ha llegado... ¿Qué estamos esperando?